SALVADOR ALIBAU: LA MATERIALIZACIÓN DE LO ETÉREO
Conxita Oliver, 2000


Alibau sustituye bastidores y telas por un entramado de hilos, casi imperceptibles, que actúan de estructura sobre la cual apoya la fibra de celulosa, previamente pigmentada en su estado acuoso, aplicada en un juego delicadísimo de transparencias y de opacidades. Con esta técnica tan peculiar, la fibra se convierte a la vez en soporte y color, un soporte desmaterializado y etéreo, modulado por un cromatismo evanescente que configura una pintura fluida, como si talmente estuviese flotando en el espacio. Se anula, por lo tanto, lo que tradicionalmente se ha entendido por fondo como soporte que acoge formas y colores, para integrarse íntimamente y construirse mutuamente, participando de ciertas características escultóricas. 


Insistimos en el carácter innovador del discurso pictórico de Alibau, ya que más que de cuadros colgados en la pared se debería hablar de piezas de tres dimensiones que hacen posible una visualización múltiple. Sus obras se integran en el aire y en la luz para dar nuevas realidades que nacen de su contexto ambiental. De las técnicas pictóricas tradicionales sobre superficies continuas se mantienen, aunque de manera diferente, las posibilidades de forma y de color. En el aspecto técnico, incorpora, pues, nuevos elementos que varían y amplían los procedimientos clásicos y configuran, en gran parte, un nuevo lenguaje plástico.


Alibau pinta y esculpe a la vez con la fibra de celulosa. Y ésta, especialmente en sus Móviles, se contextualiza con el aire y con las luces para dar forma a nuevas realidades que nacen de su relación emocional con el mundo más próximo. Sobre todo, en este momento, se siente atraído por el paisaje -recordemos que ya des de su niñez ha tenido una relación muy directa con la naturaleza­-, la observación del cual le hará desarrollar toda una serie de sentimientos que exteriorizará a través de sus obras. 


Vemos que ya des de su primera exposición de los trabajos en fibra de celulosa la crítica defenderá la manera de trabajar de Alibau, sobre todo por su honestidad y por la originalidad de la vía alternativa que propone, que va más allá de cualquiera ismo o tendencia. En este sentido, es preciso dejar constancia que la crítica de arte nunca reacciona indiferente ante la obra de Alibau y que, más allá del oficio, el análisis y la opinión, en todos los casos hay una actitud de adhesión.


En el año 1992 surgen las aguadas con cola de conejo y pigmentos sobre papel artesanal, que realiza paralelamente a las elaboradas con pulpa de celulosa. Se trata de una técnica mucho más rápida, directa y de traducción espontánea que le servirá para compensar la lentitud de realización y las dificultades inherentes al trabajo de la celulosa. De esta manera, da vía libre a las emociones y rompe -como si fuera una terapia- con el constreñimiento que representa un proceso tan lento y minucioso. Alibau utiliza este sistema para transmitir los impulsos psicológicos y sensibles de una forma inmediata, a la vez que es un procedimiento que guarda la intimidad de su creador sin mediatizaciones. Progresivamente sus obras participan a la vez de las propiedades de la pintura -puesto que mantienen su carácter de superficialidad- y de la escultura -ya que el espacio vacío introduce la tridimensionalidad-, y mantienen una contemplación con perspectivas diversas. Y es que, lentamente, Alibau va alejándose del microcosmos de la epidermis de la pintura centrada en el descubrimiento de texturas y materias y sobre todo aquel primer plano de piel pictórica, para dar paso al macrocosmos de perspectivas próximas y lejanas.


Pero para llegar a obtener esta visión múltiple, o sea, la visualización global por capas, el artista coloca pequeñas cantidades de pasta de celulosa, cada vez más distanciada una de la otra, como si fuesen toques leves de pincel. Este delicado tratamiento, hecho de pedazos sobre un ardid de delgadísimos hilos, produce una fragmentación de manchas suspendidas en el aire, así como una disgregación de la superficie que descompone la imagen. De esta manera se va librando de todo cuanto resulta superfluo para quedarse con la esencia; en su caso hace falta sólo un simple soplido para que la obra se agite.


La serie Matemàrtica, iniciada a finales del 1996, constituye un punto y aparte en la obra de Alibau. Su trabajo ha seguido, desde el principio, un proceso de depuración y de síntesis, y es en este momento cuando este proceso llega a las máximas consecuencias. Conceptualmente, una pureza formal y una auténtica economía de medios expresivos, por una parte, y la elección del tema de las matemáticas, por la otra, conformarán las bases de su nuevo trabajo. Por una necesidad de autolimitación y de austeridad, la gama cromática se reduce, mientras que una estructura geométrica rige la composición, una composición marcada por la estabilidad y el equilibrio interiores.


Para acabar este recorrido retrospectivo y a modo de resumen, sólo es preciso añadir que uno de los grandes éxitos de Alibau es su manera de trabajar lenta, pausada y meditada, y que todo cuanto consigue es porque es un metódico en la vida, en las costumbres y su larga jornada laboral. Por otra parte, en el seguimiento cronológico de los artículos, las presentaciones y los comentarios sobre la obra de Alibau, observamos que todos los especialistas se ponen de acuerdo, a grandes rasgos, que su creación tiene como finalidad la investigación de una pintura pura, que supedita los medios técnicos a la emoción, que trabaja, por encima de todo, la fuerza expresiva de la materia y que su disciplinado método de trabajo es lo más opuesto a la facilidad.




Resumen del texto escrito por Conxita Oliver
extraído del libro: Alibau, obra, y técnica de la fibra de celulosa
Arola Editores. 2000