EN EL UMBRAL DEL SILENCIO
Jordi Sarsanedas, 1992


Sabemos suficientemente que un artista se sitúa, dentro del campo de las posibilidades, por la relación que reconoce, busca o crea con la realidad delante de la cual, fijamente con la cual, concibe y elabora su obra y, no obstante, con la realidad dentro de la cual introduce su obra, o mejor dicho tal vez, dentro de la realidad que él con su obra hace saber o hace surgir.


Allí donde encontramos Alibau, del paisaje nos llegan sólo unos colores y unos gestos (unas curvas, unas líneas esbozando coordinación, a lo menos un resto de la mímica del gran vigor) suficientemente consistentes sólo para constituir tal vez una última defensa contra el olvido. Un soplo más y ya todo sería borrado.


Por otra parte -no querría con estas palabras establecer una oposición que fuera, precisamente, falsa del todo- ésta reliquia de naturaleza o de mundo fácil de borrar, Alibau nos la ofrece con un especialísimo arte del cual se ha inventado, ha destilado, las leyes. Nosotros que lo miramos debemos pensar en una araña prodigiosa, sabia de mucha sensibilidad interiorizada, que, en el umbral mismo de la inexistencia, entiende y nos hace entender, suspendido en un soplo de poesía, una pizca, sólo un pizca de auténtica realidad.


Digamos, con palabras más directas, como trabaja Alibau. Trabaja con papel pero, en aquello que él hace, no lo utiliza como un soporte anodino, sin significación, de la obra. Ni, como otros, se contenta de valerse de los valores táctiles de la superficie. Su obra no es sobre papel. El papel es, de verdad, la materia. La obra está modelada en papel. Ya Corredor-Matheos jugaba con el chiste de calificar a Alibau de escultor y no de pi


Mirad como va la cosa. Alibau dispone de una urdidura de delgadísimos hilos y encima coloca, a modo si se quiere de toques de pincel, pequeñas cantidades de pasta de celulosa previamente coloreada y así, con esta técnica como de golondrina que hace el nido, surge el case inmaterial tapiz de colores. Este delicado tratamiento de pedacitos de papel in fieri obtiene, más allá de los rigores de la ascesis, resultados de una gran elegancia, de un refinamiento mucho más que notable 



Signat per Emili Xerta (pseudònim de Jordi Sarsanedas)
Serra d'Or, núm. 389, maig de 1992




ALIBAU QUE TRABAJA POR NOSOTROS
Jordi Sarsanedas, 2000

Salvador Alibau nos seduce y nos interesa con el modo de arte plástica que él mismo ha hecho -ha concebido, ha conjugado- como forma de expresión, como manera de vivir y de invitarnos, a ti y a mí, a ver i a vivir una realidad particular, como comentario o como explicación, completamente nueva, de la realidad.


O más bien, tal vez, el tipo de arte que decíamos, se lo ha encuentro en las manos ya en funcionamiento -con las vacilaciones naturales de cualquier inicio; lo imagino más que no lo veo en ninguna obra- en un recodo de su biografía de artista, ya suficientemente rica, o sea cuando ya tenía adquirida y bien adquirida aquella <> que representa el codiciado final feliz de todo aprendizaje, cuando ya se había propuesto con plena buena fe las pasantías adecuados y las había pasado, tal y como es preciso o mejor aún. Sí; por mucho que ahora nos seduzca otro Alibau, el Alibau nuevo, el de ahora mismo, no debemos despreciar sus <>, -si nos permitamos el término caballeresco-, aquellas <> que hizo a conciencia y con sinceridad: realismo, expresionismo, abstracción... No eran arranques indecisos; cada actitud aportaba resultados consistentes; constituía un buen trozo de camino hecho.


El acontecimiento que puso en marcha el gran cambio fue, por los alrededores de Capellades, el encuentro -de ninguna forma anodino sino turbador, íntimo y fecundo- con el papel hecho y con el papel deshecho o estropeado, con el papel que sólo comienza a hacerse y que aún no se configura. Desde entonces se suceden para Alibau las obras de una forma de arte que es, por ella misma, por ella sola, una originalidad impresionante. Cara a la naturaleza -sin perder nunca, con las formas y la sintaxis de la realidad, la referencia sin la cual no hay nada, ni esperanza-, se trata para él de responderle con una construcción ex-novo, dentro de un vacío que Alibau organiza, con la sencillez de unos hilos tensos, en un sistema inteligible y satisfactorio. En este espacio, su libertad mueve copos de celulosa y pigmentos, opacidad y transparencias, colores y luces. Que quién quiera juegue a ver, en cualquiera de estas muestras de espacio libre de toda determinación que no sea la decisión deliberada del artista, una alusión a, por ejemplo, un zarzal otoñal. Por qué no? Por qué no cualquier otra cosa? Pero, por encima de todo, antes de cualquier sueño del lector, del espectador, por legítimo que sea -como lo es éste sueño-, mucho antes, con la sutileza y la fuerza de sugestión de la música, en equilibrio entre el rigor y una flexibilidad irrenunciablemente deliberada -una flexibilidad deliberada en la medida que puede aparecer como establecido aquello que es ilimitado por definición- aquello que se afirma con una tranquilidad felizmente contagiosa es el ejercicio libre del lenguaje y del gesto; es la afirmación de una innovación que nosotros miramos y debemos mirar -estamos invitados a hacerlo- porque es aquello que Alibau, al final de su trabajo sobre el mundo entero y encima de él mismo, ha decidido de ver.


Por qué conviene y nos será provechoso que hagamos caso de esta innovación? Si no nos decidiéramos, nos perderíamos en nuestra tarea vital de mirar, de ver la realidad física y de entenderla -el espacio, el peso y la ligereza, la luz, los colores que son la luz- y de comprendernos nosotros mismos con las características de relación que seamos capaces de establecer, de construir. Creo oportuno de desearnos, a ti, a mí, que sepamos dar una respuesta adecuada a este aleccionamiento, a esta incitación.



Pròleg del llibre Alibau, obra, i tècnica de la fibra de cel·lulosa
Arola Editors, abril del 2000